Saturday, July 16, 2016

Editorial 2016 - Cambio de Gobierno


”En una fecha tan importante es una tradición escuchar nuestra orquesta, la más importante de la Argentina, que además está atravesando un momento espectacular en su casa que es el CCK.”

“La cultura ayuda a transformarnos el corazón, la cabeza y las tripas. … La cultura moviliza.”
“Vivir la Argentina a través de los medios públicos es nuestra misión.”
“La transmisión en vivo será una costumbre que vamos a instalar como permanente. Para este lugar [el CCK] tenemos que construirle un valor federal y, ¿qué mejor manera de construírselo que transmitir en vivo, vía canal público, a todo el país?”

          Para la Orquesta Sinfónica Nacional, las afirmaciones de los actuales ministros del área dan lugar a la esperanza de que el proyecto de la Cultura Sinfónica en el país continúe, especialmente respecto del propósito de difusión por los medios audio-visuales. Los motivos políticos fueron pronunciados públicamente: la federalización de la acción cultural del Estado y la promoción del acceso generalizado a la cultura.
          No estaría de más subrayar alguna vez el balance positivo de esta política en números: conciertos, conferencias, exposiciones, espectáculos de cualquier índole, podrían resultar “costosos” para cierta visión crítica cuando se transfiere el presupuesto de la producción a la cantidad de visitantes in situ (que serían unos cientos o, cuando mucho, miles). Por eso, la difusión a través de los medios modernos de comunicación se sugiere también por motivos económicos, porque reduce el costo per cápita de la cultura a monedas, ya que los posibles destinatarios serían cientos de miles de hogares argentinos en caso de emisión por televisión, ni hablar del alcance ilimitado que tendría la difusión de cultura argentina a todo el mundo vía Internet. A propósito: qué pena, la oportunidad perdida de lucirse una vez más como Nación y potencia cultural de primer rango al no filmar el Concierto para Violín y Orquesta de Edward Elgar, programado a corto plazo y tocado el 1º de julio del corriente año magistralmente por uno de los concertinos de la Sinfónica, Xavier Inchausti. Lo mismo podría lamentarse respecto de las formidables interpretaciones de dos obras de grandes compositores argentinos: el Concierto nro. 1 de Alberto Ginastera para piano y orquesta, tocado por el pianista de la Sinfónica, Marcelo Balat, y el Concierto para piano y orquesta de Luis Gianneo, siendo este último un acontecimiento íntegramente argentino por contar con el joven director Mariano Chiacchiarini y el pianista Fernando Viani, la víspera del 9 de julio 2016.

          Es consabido que hay una gran cantidad de acciones culturales de calidad que no podrían ser financiadas por la venta de entradas, por lo que el mantenimiento de instituciones pilares de la cultura nacional suele estar subsidiado por el Estado, aquí y en muchos otros países.
          Los costos adicionales de documentación multimedia de conciertos sinfónicos parecerían mínimos: sólo faltaría invertir en la formación de un equipo de profesionales que sepa leer y analizar las partituras musicales con vistas a la dirección de las cámaras con un sentido artístico y didáctico. El arriba señalado balance económico justificaría la medida con creces.
          Si se ha de llegar al cyberspace, a la Nación le convendría que no sea tan sólo por medio de las grabaciones clandestinas que suelen hacer hoy en día – infaliblemente – algunos entusiastas en el público con sus smartphones. Una difusión profesional “habitual y permanente” (H. Lombardi) del Estado Nacional podría orientarse en  organismos que ya durante años han adquirido gran destreza en este tipo de producción. Se consideró sugerir a las autoridades una consulta a los productores de la Digital Concert Hall de la Orquesta Filarmónica de Berlín/Alemania. La Embajada de Alemania ya ha colaborado con el CCK en “La noche de la filosofía”. Quizás podría ser consultada también en este asunto.

          La consideración del Ministro de Cultura P. Avelluto está en sintonía con la opinión pública reflejada en todos los medios y la cosecha de tan positivas críticas musicales de la Sinfónica de los últimos tiempos. Tiene una lógica ineludible que los integrantes de la  Orquesta Sinfónica Nacional habiten al Auditorio Nacional (la Sala Sinfónica del CCK) con la misma naturalidad con la que los Diputados habitan al Congreso de la Nación, el staff de profesionales de la salud pública los hospitales nacionales y cada cuadro de futbol su cancha. Ahora: ¿Qué es habitar en el sentido real y práctico? Los integrantes de la Sinfónica sí tienen acceso a la sala de ensayos del tercer subsuelo y a la Sala Sinfónica (la Ballena); pero aún no tienen un lugar donde colgar sus abrigos. La rutina laboral de orquestas demanda también derecho de piso en algunos habitáculos acustizados y atemperados de vestuario para guardar los instrumentos, herramientas y ropa de trabajo, para el precalentamiento, estudio personal y ensayos parciales, que estén equipados con sillas, atriles, lockers y mesas. Y una cafetería. Eso es estándar. Todos los centros culturales con salas de concierto en el mundo tienen todo eso.
          En caso de recibir a orquestas o conjuntos que vienen de visita, la orquesta residente comparte estos espacios con sus pares y juega eventualmente el rol de anfitrión. A menudo, de estos encuentros entre colegas nacen amistades y enlaces profesionales artística y académicamente fructíferos. Eso también forma parte de las ventajas de tener una sede.
          Faltaría el equipamiento y la puesta en funcionamiento de los camarines acustizados del primer piso del CCK, proyectados por los arquitectos para cumplir exactamente los fines arriba señalados.
          Y la cafetería.

          Más notoria aún es la falta de instalaciones para la gestión administrativa. Tomemos como ejemplo a la figura del Coordinador General y Programador Artístico de la Sinfónica Nacional, Ciro Ciliberto, el responsable de aprox. 500 producciones de la Sinfónica en los últimos 15 años, el que organiza las aprox. 30 producciones anuales de la Sinfónica en el CCK, músico, diseñador de proyectos culturales y académicos, conocedor de todas las complejidades de la APN, interlocutor de los artistas invitados nacionales y extranjeros, durante más de una década mano derecha del maestro P. I. Calderón (actualmente Director Emérito), hoy trabajando en equipo con la Comisión Artística de la orquesta (compuesta por los concertinos y destacados integrantes de la misma), diplomático, mediador, negociador, bombero de incendios chicos y medianos y… hombro para algún u otro músico extenuado que eventualmente le llora sus penas. Resulta que este hombre hasta hoy no tiene asignada una oficina en el CCK, ni siquiera un escritorio. Administra gran parte de la suerte del mayor elenco artístico estable de la Nación desde su teléfono celular particular. Ya que lo necesitamos cerca, queda descartada la oficinita de 10 m2 que comparten varios elencos de la Nación en el piso 11 del Teatro Nacional Cervantes, a 2 km de los acontecimientos gestionados por él.
          Cabe mencionar que la falta de integración laboral arriba señalada se extiende de manera similar al staff de técnicos y encargados del archivo musical de la orquesta, cosa difícil de entender teniendo en cuenta los 110.000 m2 que abarca el CCK.

          Por último, el año pasado el diario Clarín tenía fundamento para lamentar la demora de pago a artistas invitados de la temporada sinfónica. Lo que irrita es que el problema persiste. Destacados artistas invitados de las temporadas 2015 y 2016 aún están esperando sus honorarios.
          Los instrumentistas que ganaron en noviembre 2015 en toda regla el concurso internacional de oposición y antecedentes para cargos vacantes en la Sinfónica (entre ellos el arriba mencionado Xavier Inchausti que prestigió en el 2015 la orquesta y el CCK con su interpretación del Concierto para violín y orquesta de Jean Sibelius, expuesta en Internet) igualmente siguen esperando el pago de sus haberes.